Alimentación: mitos y verdades – BBamor

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Nos hacemos muchas preguntas en relación a la alimentación de nuestros hijos en sus primeros meses de vida. La gran mayoría tiene que ver con la lactancia, que nos genera grandes dudas.
Algunas de las más frecuentes se detallan en esta sección.

  • ¿Podré amamantar a mi segundo hijo si en mi primer embarazo no pude hacerlo?
    Es muy probable! Los estudios revelan que las madres primerizas suelen producir menos cantidad de leche que las que cursan su segundo o tercer embarazo. Lo importante es estar relajada y dispuesta a disfrutar de ese momento tan especial de conexión con el bebé. Un estado de ánimo positivo favorece la producción de leche.
  •  ¿El sabor de la leche materna cambia según los alimentos que consumo?
    Sí. La gran ventaja es que el bebé se va familiarizando desde el útero a todos los alimentos que a la madre le gustan y consume frecuentemente. Por lo tanto, no rechazará la leche cuando en forma previa la madre haya ingerido estos mismos alimentos.
    Recordar siempre acostumbrar al niño a los sabores de la comida sana desde el comienzo del embarazo, para ello la madre debe alimentarse con abundantes frutas, verduras y comidas bajas en grasa.
  • ¿Puedo tomar café o alcohol durante la lactancia?
    El café tomado con suma moderación durante la etapa de lactancia no tiene efectos nocivos o perjudiciales sobre la salud del bebé. Sin embargo, el consumo de cafeína en exceso (tres o más cafés al día) podría afectar al comportamiento del bebé, tornándolo más despierto, activo, intranquilo e irritable. Una buena alternativa es el café descafeinado.
    Recuerda que la cafeína no sólo se encuentra en el café, sino también en muchos refrescos (especialmente la Coca-Cola), bebidas energéticas o incluso en el té helado, por lo que también se debe prestar atención a la cantidad que se consume cada día de estos productos. Una buena práctica es tomar estas bebidas después de la lactancia materna, así podrás eliminar la cafeína del cuerpo hasta la siguiente toma.
    En el caso del alcohol, éste pasa muy rápido a la leche materna y lo recibe directamente el niño. En su organismo, el hígado necesita casi el doble de trabajo que un adulto para descomponer el alcohol. Según las recomendaciones de la Asociación de Dietistas Americanos publicadas en el año 2014, no se recomienda el consumo de alcohol durante el embarazo dado que podemos provocarle al bebé defectos neurológicos y en el desarrollo, aunque sea con un consumo moderado de alcohol. El efecto aumenta en las madres de mayor edad y en las alcohólicas severas. Por otro lado, el consumo elevado de alcohol en el inicio del embarazo se asocia con mayor riesgo de retardo de crecimiento intrauterino, abortos espontáneos, desprendimiento prematuro de placenta y prematuridad. También puede provocarse el síndrome alcohólico fetal que además de retraso en el crecimiento provoca malformaciones de distintos órganos.
    Por esta razón, durante la lactancia se debe disminuir al mínimo el consumo de alcohol, siendo sólo en ocasiones especiales y teniendo como precaución amamantar mínimo dos horas después del consumo para que su concentración en la leche sea escasa.
  • Mi hijo vomita mucho luego de amamantarlo, ¿se estará quedando con hambre?
    Probablemente no. Es normal que el bebé vomite con frecuencia dado que su sistema digestivo es aún inmaduro. Aunque al adulto le parezca que ha vomitado todo lo que acaba de comer, no hay que preocuparse. El bebé devuelve la porción final de la leche, a veces porque ha comido en exceso, otras porque tenía demasiados gases.
    Para reducir los episodios de vómitos se pueden practicar estas técnicas:
    – Trata de que el bebé coma no muy recostado y que no le entre aire al mamar o tomar la mamadera.
    – No lo alimentes cuando esté llorando. Espera a que se calme o de lo contrario tragará mucho aire.
    – No lo muevas ni le juegues mientras lo alimentas. Procura que al finalizar cada comida esté quieto durante unos minutos en tu regazo, silla de comer o cochecito.
    – Levanta las patas traseras de la cuna para que la cabeza del bebé quede levantada a 30 grados. También puede inclinarse el colchón poniendo bajo el mismo una toalla enrollada a la altura de la cabeza del bebé.
  •  ¿Cuándo debería empezar a darle agua a mi bebé?
    Durante la lactancia el niño recibe la cantidad suficiente de agua para su correcto desarrollo, por lo que no es necesario incorporar agua extra a la leche materna. Luego de los 6 meses es cuando se debe comenzar a aportar agua al niño con los alimentos complementarios. El agua debe provenir de una fuente segura, ya sea agua potable, mineralizada o en caso de no contar con agua de una fuente confiable utilizar agua hervida. Siempre es mejor el agua a otras bebidas. Quizás el niño no muestre sed claramente, por lo que en momentos de calor se debe ofrecer agua con más frecuencia. Si un niño sano rechaza tomar agua, simplemente es porque no tiene sed. Cuando un niño tiene sed acepta el agua. Muchas veces los niños dicen que el agua no les gusta, pero esto es porque tienen otras opciones menos saludables. Por lo que lo ideal, en los primeros años de vida, es acostumbrarlos a tomar agua.
  • ¿Beber leche ayuda a producir leche para mi bebé?
    Lo que ayuda a producir leche es beber líquido en general, no leche particularmente. Ten en cuenta que la producción de leche depende de la succión continua del bebé.
  • ¿Es lo mismo la alergia a la leche de la vaca que la intolerancia a la lactosa?
    No es lo mismo, se trata de dos condiciones que pueden afectar a tu bebé y que muchas veces se confunden entre sí. Te damos información sobre cómo distinguirlas y tratarlas en cada caso.

    ALERGIA A LA LECHE DE VACA

    ¿Qué es la alergia a la leche de vaca?
    La alergia a la leche de vaca es el tipo más común de alergia alimentaria en los lactantes y niños pequeños. Ocurre cuando el sistema inmunológico identifica una proteína dentro de la leche de la vaca como perjudicial, y desencadena una reacción alérgica. Esto lleva a que se produzcan ciertos síntomas, que pueden ocurrir ya sea inmediatamente (en minutos), o hasta unos días después de consumir productos lácteos o alimentos que contengan proteínas de la leche de vaca.

    ¿Cuáles son los síntomas?
    La alergia a la leche de la vaca puede provocar una amplia variedad de signos y síntomas. Estos pueden incluir cólicos, reacciones en la piel (por ejemplo, una erupción cutánea con picor rojo, hinchazón de los labios, cara y alrededor de los ojos o eczema), problemas digestivos (vómitos, dolor abdominal o diarrea), y otros síntomas como estornudos, picazón, secreción o congestión nasal. Los mismos síntomas varían de un bebé a otro.

    ¿Por qué ocurre una reacción alérgica?
    La reacción alérgica se debe a que el sistema inmune confunde las proteínas de la leche de la vaca al considerarlas como una amenaza, cuando en realidad deberían ser inofensivas. Entonces libera químicos como las histaminas y otros, los desencadenan los signos y síntomas de una reacción alérgica.

    ¿Esta alergia es algo común?
    Sí. Muchos bebés son alérgicos a la proteína de la leche de la vaca. De hecho, se trata del tipo más común de alergia alimentaria en los lactantes y niños pequeños.
    Esto significa que si tu bebé es alérgico a la proteína de la leche de la vaca no estás sola. Hay información y apoyo disponible de profesionales de la salud, organizaciones benéficas y muchísimo material de lectura bibliográfica y en internet.

    ¿Quién la padece?
    Este tipo de alergia tiende a desarrollarse durante el primer año de vida de un bebé. La mayoría de los niños que la padecen se liberarán de ella a medida que vayan creciendo, en promedio entre los 3 a 5 años.
    Los expertos no están seguros de la causa por la cual algunos bebés se vuelven alérgicos a la proteína de leche de la vaca. Lo que sí saben es que un bebé tiene mayor riesgo si hay antecedentes familiares de alergias, como asma, eczema o una alergia a los alimentos.

    ¿Cómo puedo saber si mi bebé tiene alergia a la leche de la vaca?
    No siempre es fácil saber si tu bebé es alérgico a la leche de la vaca, ya que los síntomas pueden a veces no ser tan claros o deberse a otras causas. Si sospechas que tu bebé puede presentar esta alergia, habla con tu médico o un especialista.

    ¿Qué hacer si tu bebé presenta esta alergia?
    Si tu bebé tiene alergia a la leche de la vaca, tendrás que eliminar esta proteína de su dieta para ver una mejoría en los síntomas. Si está amamantando, esto significa que debes suspender de tu propia dieta la ingesta de leche de vaca o productos lácteos, ya que podrían pasar a tu bebé a través de la leche materna.
    Si en cambio alimentas a tu hijo con biberón, tendrás que recurrir a una fórmula hipoalergénica especial diseñada para los niños con este tipo de alergia. Es importante que previamente a tomar estas medidas, te asesores por un profesional de la salud que vaya siguiendo y supervisando el caso con cuidado.

    ¿Los bebés con alergia a la leche de vaca pueden ser también alérgicos a otros alimentos?
    Los bebés con alergia a la leche de la vaca podrían ser alérgicos a la leche de cabra y de oveja, dado que las proteínas en estas leches son casi idénticas entre sí. Por lo tanto, tampoco deberían consumirlas.
    Asimismo, estos niños también podrían ser alérgicos a otros alimentos no lácteos como el huevo, el maní, las nueces, la soja, el trigo, mariscos y pescados. Si tu bebé es alérgico a la proteína de la leche de vaca, habla con tu profesional de la salud antes de introducir estos alimentos en su dieta.

    ¿La alergia a la leche de la vaca es lo mismo que la intolerancia a la lactosa?

    La alergia a la leche de la vaca y la intolerancia a la lactosa a menudo se confunden entre sí, pero no son lo mismo. En el primer caso, el sistema inmunitario lanza una reacción alérgica a la proteína en la leche de vaca, mientras que en la intolerancia a la lactosa el sistema digestivo no es capaz de digerir el azúcar en la leche, llamado lactosa.

    INTOLERANCIA A LA LACTOSA

    ¿Qué causa la intolerancia a la lactosa?
    La leche de la vaca está constituida de una gran cantidad de componentes: proteínas (tales como la caseína y suero de leche), azúcar de la leche (llamada lactosa) y grasa. La intolerancia a la lactosa se desencadena por el azúcar lactosa; el sistema digestivo no puede digerir completamente este azúcar de la leche, ya que no produce suficiente enzima lactasa. Así que en lugar de ser digerida y absorbida, la lactosa permanece en el intestino y se alimenta de las bacterias intestinales, que liberan ácidos y gases que causan los síntomas.

    ¿Quién la padece?
    La deficiencia primaria de lactasa no suele aparecer en niños menores de 3 años de edad.
    En algunos casos, las personas pueden desarrollar intolerancia a la lactosa cuando su intestino se daña por enfermedad, cirugía o ciertos medicamentos (esto se llama deficiencia de lactasa secundaria). Aquí, la intolerancia a la lactosa puede ser temporal o permanente. A veces puede desarrollarse después de un episodio de gastroenteritis.
    Sólo en casos muy raros la intolerancia a la lactosa afecta a los bebés desde el nacimiento (llamada deficiencia de lactasa congénita). En este caso, la persona permanece intolerante a la lactosa para toda la vida.

    ¿Cuáles son los síntomas?
    La alergia a la leche de la vaca y la intolerancia a la lactosa pueden compartir algunos de los mismos signos y síntomas, como problemas de alimentación e intestinales tales como: diarrea, abdomen hinchado, dolores de estómago y calambres, barriga retumbante y mareos.
    Sin embargo, como la alergia a la leche de la vaca afecta al sistema inmunitario, los bebés que la padecen muestran también síntomas de alergia, como un sarpullido con picazón, sibilancias o goteo nasal y tos. Estos síntomas no se observan en la intolerancia a la lactosa, ya que esta condición no involucra al sistema inmune.

    ¿Cómo se diagnostica?
    Hay diferentes pruebas para la alergia a la leche de la vaca y la intolerancia a la lactosa, por lo que es importante que hables de los síntomas en detalle con tu pediatra, quien decidirá qué pruebas son las más apropiadas para obtener el diagnóstico correcto.
    Si se sospecha de alergia a la leche de la vaca, el médico puede solicitar una prueba de alergia, como una prueba cutánea o de sangre, y/o aconsejarte poner a tu bebé en una dieta de eliminación seguida de una prueba de provocación.
    Si tu médico piensa que puede tratarse de intolerancia a la lactosa, puede solicitar una prueba de hidrógeno, prueba de tolerancia a la lactosa, prueba de tolerancia a la leche o una muestra de heces.

    ¿Cómo se maneja la condición?
    Inicialmente, la intolerancia a la lactosa puede manejarse eliminando también por completo de la dieta de tu bebé la proteína de la leche de la vaca. Sin embargo, una dieta carente en absoluto de productos lácteos rara vez será necesaria en el largo plazo. La mayoría de las personas con intolerancia a la lactosa son capaces de digerir ciertas cantidades de lactosa, ya que todavía tienen un bajo nivel de la enzima lactasa. Esto significa que algunos productos lácteos pueden ser reintroducidos con cuidado en la dieta; la cantidad dependerá de la persona, por lo que es importante asesorarse y contar con la supervisarían de un profesional de la salud.

    Importante: en cualquier caso, nunca realices ningún cambio en la dieta de tu hijo sin la supervisión de un profesional de la salud. Asegúrate de hablar con tu médico si sospechas que tu bebé puede tener alergia a la leche de la vaca o intolerancia a la lactosa.

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