La llegada del hermano: ayuda a tu hijo mayor a transitar esta difícil etapa

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El pasaje de ser hijo único a ser hermano mayor es, en la mayoría de los casos, una etapa compleja. La confusión, los celos, la rivalidad, la tristeza, son sentimientos que tarde o temprano se hacen presentes, dado que nuestra atención está ahora enfocada al nuevo ser que ha llegado a nuestra familia.
Aquí te dejamos algunas formas de suavizar este difícil momento de transición, para disfrutar la llegada de tu nuevo hijo al máximo posible.

Si bien durante el embarazo la familia se prepara y trata de explicarle al futuro hermano mayor de qué va la cosa, la aparición de un bebé “de la nada” es suficiente para probar el temple de cualquier niño. La llegada de un nuevo hijo se interpreta como “menos para mí”: menos regazo, menos sonrisas, menos tiempo, menos atención, lo cual puede resultar muy amenazante.

Llevar a casa al hijo número dos es generalmente más duro para los niños entre 18 meses y 3 años de edad, este es el rango etario más crítico. Si son más pequeños, no llegan a tomar conciencia de lo que está ocurriendo; si son mayores, probablemente tengan puesta su atención en otras cosas que están ocurriendo a su alrededor.

Frente a la llegada del hermano, los niños pueden exhibir agresión, regresión, celos, ambivalencia, o una combinación de éstos. En lugar de reaccionar exageradamente ante un comportamiento negativo de tu hijo, intenta validar sus sentimientos y ayudarle a elaborar maneras seguras de expresarlos. Reconoce frente a él que todo el mundo se está acostumbrando a los cambios en la familia, que para todos resulta difícil, pero que pronto todo estará bien. Es tranquilizador para el niño cuando alguien escucha y entiende sus sentimientos.

Para sentar las bases de una relación de hermanos más pacífica desde el principio, es importante que tu hijo mayor se sienta a gusto con la idea de un pequeño hermano mucho antes de que el bebé llegue a casa.

Antes del nacimiento

Para tu niño pequeño, en la mayoría de los casos, este bebé que no se ve y del que todos hablan es una especie de amigo imaginario, y en su psiquis él cree que este amigo pronto desaparecerá. Sin embargo, la situación lo afecta y se ve invadido por emociones fluctuantes. La energía de la casa ya ha cambiado y nota que su mamá está menos dispuesta a jugar con él en el suelo, hay nuevos equipos y accesorios de bebé que comienzan a aparecer por todas partes,  y diferentes personas insisten en preguntarle si está contento o emocionado.

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• Postergar otros cambios grandes. Reprogramar grandes eventos para él para fechas posteriores, como el aprendizaje de ir al baño y dejar el pañal,  pasar de la cuna a una cama de niño grande, o comenzar a asistir al jardín de infantes. De esta manera, el niño no asociará el cambio con la llegada del bebé, sino más bien con su propio crecimiento.
No utilices al bebé como excusa. Durante el embarazo, habrá cosas que no podrás hacer con tu hijo, como llevarlo a upa hasta su cuarto, escaleras arriba, a la hora de dormir. Para evitar su resentimiento, no culpes al bebé en camino de tus limitaciones. Puedes decirle, en cambio, que te duele la espalda o los pies.
No crees falsas expectativas. Si le dices a tu hijo que el bebé va a ser su compañero de juegos, se verá fuertemente decepcionado cuando compruebe que no hace más que dormir, llorar y alimentarse. Debes serle honesta. Háblale de él mismo cuando era bebé, llévalo a visitar a unos amigos que hayan sido padres hace poco. Esto lo ayudará a hacerse una idea más realista de qué esperar.
Otorga a tu hijo un cargo de importancia y sentido en la llegada de su hermano. Dile que será su protector y maestro, y que el bebé aprenderá todo observándolo a él.

En el hospital o clínica

Cuando llega el momento del parto, la rutina de tu hijo cambia completamente: queda al cuidado de otras personas, muchas veces en una casa diferente a la propia, sin su madre y generalmente sin ambos padres. Su mamá parte al hospital y de repente se transforma “en dos personas”, por así decirlo. Y cuando finalmente tu niño asiste al hospital o clínica para conocer a su hermano, te encuentra en una cama extraña, en forma extraña, con un extraño en tu pecho desnudo. Esta sumatoria le genera confusión y una gran alteración.

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Haz que tu hijo mayor sea el gran protagonista. Ten los brazos abiertos para recibirlo cuando te vea después del nacimiento. Dale un poco de toda tu atención antes de presentarle el bebé. Y cuando lo hagas, enséñale el gran regalo que su hermanito “le ha traído” (y ten preparado algún juguete o presente que sea super especial y lo haga sentir feliz).
Lleva a la habitación del hospital muchas fotografías de tu hijo mayor. Deja que vea pruebas tangibles de sí mismo y de esta forma pueda tomar conciencia de que está presente, es importante y forma parte de este gran momento.
Involucra a amigos y familiares. Pídeles a los visitantes que saluden primero a tu hijo mayor, antes de entrar en línea recta a conocer al recién llegado. Y que todos le hablen de la suerte que tiene el bebé de contar con él como hermano mayor, en vez de decirle la suerte que tiene él de ser el hermano mayor.

Regreso a casa

Esta pequeña personita acaparará una gran cantidad de espacio, física y emocionalmente. Desde el punto de vista de tu hijo mayor, hay un flujo constante de visitantes, ninguno de los cuales le presta demasiada atención ni le trae regalos. Tú te estás recuperando físicamente mientras te adaptas a las noches sin dormir, con lo cual tienes muy poca energía para destinarle. Y el culpable y único responsable de todo esto encima tiene las agallas de llorar a viva voz para perturbarlo aún más.

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Dale a tu hijo mayor un rol importante en este momento. Haz que reciba a los visitantes y pídele que sea él quien les presente al nuevo bebé.
Trata de estar disponible para tu primogénito. Cada vez que tus amigos o familiares puedan ayudarte con el recién nacido, centra tu atención lo más que puedas en tu hijo mayor. Lo necesita mucho en estos momentos y lo ayudará a sentir que aún es importante y aún tienes tiempo para él.
Fomenta el culto del héroe. Refiérete siempre a lo afortunado que es el bebé de tenerlo a tu hijo mayor como hermano. Cada vez que tu bebé balbucee, “traduce” su lenguaje a “Mira, te está sonriendo a ti” o “Sólo hace eso cuando tú estás aquí!”. Le será difícil no amar a alguien que claramente lo adora.
Adelántate a las luchas de poder. Ten en claro de antemano que recibirás un tirón en el codo cada vez que te sientes a amamantar o alimentar a tu bebé. Para disuadir cualquier sentido de rivalidad durante la hora de la comida, utiliza estrategias como invitar al niño mayor a acurrucarse cerca de ti y contar juntos una linda historia.
Demuéstrale que el bebé no siempre es prioridad. Tu hijo mayor tendrá que aprender a esperar muchas veces, mientras que la atención se centra en el recién nacido. Para aliviar la tensión y el escozor que esta situación genera, señala que a veces el bebé también tiene que esperar.  En alguna oportunidad menciona que necesita por ejemplo, un cambio de pañal pero deja en claro que tendrá que esperar un momento ya que “ahora es el turno del mayor”.   O di “cambiaré el pañal del pequeño cuando termine de jugar a esto con el mayor”.
Señala las ventajas de ser “grande”. Para tu hijo mayor, los beneficios de ser un bebé son evidentes: si él grita, lo regañarán por haber despertado al bebé. Si el bebé grita, lo alzarán en brazos para calmarlo. Así que ayúdalo a ver que ser el mayor también tiene sus ventajas. Puede  montar en bicicleta, jugar con los amigos, comer helado, entre otras cosas.
Abraza a tu hijo mayor muchas veces, bésalo mucho y repite esto a menudo. Tranquilízalo reasegurándole su lugar en la familia y recuérdale que el amor es enorme y elástico, siempre hay suficiente para todos.

 

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