Mi hijo no quiere comer ni probar la comida

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Estrategias para niños que no quieren comer o se resisten a probar nuevos alimentos

Qué frustración sentimos cuando luego de pensar detenidamente cada ingrediente  y  preparar la que consideramos la mejor comida para nuestro hijo, éste apenas la prueba, o peor aún, ni siquiera abre su boca cuando le acercamos la cuchara. A esto se le suma la preocupación de si se estará alimentando adecuadamente o puede verse afectada su salud a causa de falta de hierro, vitaminas, calcio, entre otros.

Frente a esta situación, a no desesperarse, y recurrir a las estrategias recomendadas por los expertos para mejorar la dieta de tus hijos:

Comienza con muy pequeñas porciones
En general, los padres ofrecen platos con cantidades demasiado grandes de comida. Aunque parezca una locura, empieza con algo pequeño como una sola arveja, una feta de manzana o medio fideo. Anima a tu niño diciéndole algo como: “Esto es fácil, lo puedes terminar en un segundo” y, una vez que lo coma, ofrece una comida que sí le guste.  Luego, en las comidas posteriores, aumenta la porción del nuevo alimento y ve eliminando paulatinamente el segundo plato.

Insiste
Es probable que hayas oído que un niño debe probar un alimento de 10 a 15 veces antes de que pueda gustarle. Aunque esto suene desalentador para los padres que tienen dificultades para conseguir que sus hijos prueben algo al menos una vez, la realidad es que se hace cada vez más fácil. Una vez que lo logras y tu hijo cata algunos nuevos alimentos, se necesita una media de sólo seis intentos para que comience a aceptar comidas que nunca antes haya degustado.

Modera la cantidad de bocadillos y bebidas.
Se observa que una gran cantidad de niños que se resisten a los nuevos alimentos comen snacks o se pasan gran parte del día bebiendo, lo que limita su hambre de alimentos con los nutrientes adecuados. Una vez que las familias recortan a tres comidas y a uno a tres aperitivos en tiempos relativamente consistentes, se encuentran con que sus niños son más receptivos a probar algo nuevo, porque están verdaderamente hambrientos. Lo mismo ocurre con las bebidas: si tu hijo bebe leche y jugo en exceso, no querrá comer luego ya que estará lleno de líquidos.

Invita a un amigo aventurero
En el hogar se puede aprovechar del gran poder de otro niño. Los padres influyen en lo que cada hijo puede llegar a probar de comida, pero nadie puede hacer una diferencia más grande que sus amigos. Los niños son más propensos a probar nuevos alimentos cuando ven que su amigo u otro compañero de clase lo hace. A veces, todo lo que necesita es un amigo comiendo con ansias un trozo de brócoli para que tu hijo quiera probarlo. Por supuesto que con comerlo esa primera vez no lograrás que se convierta en un fan del brócoli, pero habiendo superado esta fase inicial, ya habrás ganado la mitad de la batalla.

Mantente en calma
Algunos evasores de alimentos disfrutan de la atención que se les brinda, con lo cual la estrategia es restarle importancia al asunto ante sus ojos. No hagas de la situación un gran asunto cuando tu hijo quiera probar una nueva comida, sé más informal al respecto. Ofrécele una porción y no te detengas a verlo comer. Lo más probable es que siga adelante y lo pruebe.

Ve lento pero constante
Aunque suene ridículo pensar en hacer papillas de alimentos para un niño de 5 años de edad, muchas veces es una estrategia viable a la hora de ganar esta batalla. Se busca reducir la textura a una consistencia suave, lo que hace que sea más fácil para el niño consumir el nuevo sabor. A medida que se avanza, haz el puré más y más espeso y verás que en un par de meses tu hijo ya será capaz de comer el alimento en su consistencia y textura reales.
Los expertos trabajan en las preferencias de color de la misma manera: comienza mezclando por ejemplo 95 % de puré de papas con 5 % de batatas. El color será prácticamente blanco y tu hijo no podrá percibir que se trata de dos ingredientes. A medida que pasen las semanas, ve igualando las cantidades de papa y batata, y el color comenzará a cambiar. Cuando el puré comience a verse naranja, tu hijo no se asustará porque el progreso ha sido muy gradual.
Puedes utilizar esta estrategia con otros alimentos como con el yogurt (añade un poco de salsa de frutas) o panqueques (agrega puré de frutas o verduras a la masa).

Céntrate en el sabor
No todos los niños prefieren su comida blanda y suave. Algunos adoran los alimentos crujientes, con mucha textura y bien sazonados. Si a tu hijo le gusta lo dulce, saltea las zanahorias con un poco de miel; o si descubres que se deleita con las especias, añade un poco de romero al puré de calabaza, una pizca de comino al pollo y un toque de pimentón y perejil al puré de papas. Las posibilidades son muchas y en reiteradas veces los resultados, ¡asombrosos!

Construye sobre el éxito
Cuando descubras que a tu hijo le gusta mucho cierto alimento, aprovecha las estrategias conocidas como de “encadenamiento”, “desvanecimiento” o “exposición gradual”. En ellas, se utiliza el alimento que el niño prefiere para ir transformándolo de a poco en otro tipo de comida.
Por ejemplo, si tu niño está obsesionado con los nuggets de pollo, es probable que sea más difícil  introducir el pescado que otro tipo de pollo. Entonces lo que se recomienda aquí es pasar de estos nuggets a la misma clase de pollo pero con menos empanado, o a trozos de verdadera pechuga rebozados a la parilla, o en posteriores comidas pollo grillado. A continuación, pasamos al pollo con fideos o arroz. Si tu hijo adora la pizza, puedes pasar de pizza a pasta con salsa de tomate y queso, a queso grillado y sopa de tomate, y luego a una quesadilla de queso con salsa.
También puedes seleccionar alimentos basándote en su forma o textura (de papas fritas crujientes a batatas fritas, de varitas de pollo o varitas de pescado) o en su color (de panqueques o waffles  simples a panqueques o waffles con mermelada o mantequilla de maní).
No te apresures a pasar de un alimento o textura a la siguiente, el truco está en esperar al menos una a dos semanas hasta que el niño incorpore estos cambios en su hábito alimenticio. En unos meses obtendrás la recompensa de un niño más sano en lo que respecta a su alimentación.

Dato a tener en cuenta: ¿cuán “caprichoso” es tu hijo con la comida?
Quizás no lo sea tanto como tú crees. Anota todos los alimentos que consume tu hijo, aquellos estrechamente relacionados (como los palitos de queso y un trozo de queso propiamente dicho) cuentan por separado. Los niños más resistentes a probar nuevas comidas aceptan sólo 20 o menos alimentos y con frecuencia son sensibles a la textura, temperatura o el color. Si este es el caso de tu hijo, consulta a su pediatra para que te asesore con un programa de alimentación adecuado s sus necesidades.

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