Uso del chupete, sus ventajas y las consecuencias de su abuso

0

 El chupete, su uso y su abuso: ¿qué ventajas proporciona y cuáles pueden ser las desventajas de su utilización continua a través de los años?

Además de reducir la incidencia de muerte súbita y calmar la ansiedad y el dolor de los niños, los datos muestran que, si se deja de usar a los tres años, los perjuicios sobre la dentición son reversibles. Son muchas las ideas erróneas que siguen rodeando al uso del chupete. Poco a poco, casi todas han ido perdiendo fuerza; no así la creencia de que deforma la dentadura de los pequeños. Este gran mito nunca ha sido desterrado del todo pero hoy podemos afirmar que el chupete no produce malformaciones dentales si se abandona antes de los tres años. De hecho, siempre que se deje a tiempo, este dispositivo es, incluso, ventajoso.

El deseo de chupar está relacionado con la necesidad esencial de sobrevivir. Muchos bebés siguen chupando después de haber terminado la toma, lo cual no se debe interpretar como una falta de alimentación. Sin embargo ese deseo de chupar no desaparece en los primeros meses de edad y es frecuente encontrar a niños con 3-4 años que succionan (sus chupetes o sus dedos pulgares) con intensidad.

Hace años, parecía que este artilugio que tanto gusta a los bebés se había convertido en el culpable de que los pequeños no quisieran tomar el pecho materno, de que fueran vulnerables a infecciones de oídos una detrás de otra,  y de que sus sonrisas fueran un auténtico desastre y “carne de ortodoncista”, por lo que evitar el chupete se convirtió en una especie de máxima pediátrica. Con el tiempo, la evidencia científica ha matizado la mayoría de estas creencias hasta hacer de dicho instrumento algo muy útil; tanto para los niños como para sus padres.

¿Cuáles son los perjuicios reales que podrían darse debido al abuso del chupete?

Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo lo que los expertos denomina succión no nutritiva (el propósito de este acto no es ingerir alimento alguno) los dientes centrales inferiores se desvían paulatinamente hacia dentro, mientras que los que se encuentran en el mismo plano, pero en el maxilar superior, tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera (dientes de conejo). Con el tiempo, los caninos (colmillos) chocan entre sí y ambas filas de dientes no se cierran correctamente (mordida abierta). Además, la acción de succionar pone en funcionamiento una serie de músculos de la cara que, junto con la posición de la lengua, hacen que, finalmente las líneas superiores e inferiores pierdan su paralelismo (mordida cruzada).
Pero ¿en qué casos se producen estos problemas? Se estima que, para que las malformaciones sean apreciables, es necesario ejercer una presión más o menos constante durante seis horas diarias, aproximadamente. El factor tiempo, junto al de la energía que el pequeño aplique en la succión marcarán la diferencia en este aspecto. Por estos motivos, y a pesar de que los expertos creen que es conveniente ir quitando el chupete en torno a los dos o tres años, lo cierto es que también especifican que no se trata de una regla fija, ya que hay otros condicionantes que pueden hacer que estos plazos sean flexibles, como el grado de madurez del pequeño o determinadas circunstancias médicas o psicosociales.

No hay ningún dato definitivo ni a favor ni en contra de su uso.
Sí parece razonable recomendar lo siguiente:
– Intente no utilizar el chupete en los primeros días de vida. Aunque la tentación sea grande, probablemente sea mejor resistirla, dado que favorecerá la instauración de una lactancia materna eficaz.
– Evite usar el chupete como método para poder retrasar una comida.
– Parece mejor que su hijo utilice un chupete para saciar sus ganas de chupar, en lugar de uno de los dedos de su mano (generalmente el pulgar).
– Si su hijo utiliza chupete, no tenga uno sólo, dado que es fácil que se pierda, lo cual, en algunos casos, supondrá llantos, pataletas, etc.
– Muchos niños utilizan el chupete para tranquilizarse, sobre todo en la época del destete o en ausencia de los padres. En niños mayores no los reprenda por su uso, ya que ello dificultará su retirada definitiva.
– Para que el chupete sea seguro debe cumplir con ciertas normas: debe estar hecho de material plástico, tener bordes redondeados, poseer una anilla o tirador que permita extraerlo de la boca y la tetina no puede ser superior a 3,3 cm. Por último, la base del chupete debe ser lo suficientemente grande para evitar que el niño pueda introducirse todo el chupete en la boca, con el consiguiente riesgo de asfixia.
– En cuanto a los cuidados, es aconsejable cambiarlo con cierta frecuencia, sobre todo cuando el niño ya tiene dientes, para evitar que el niño se atragante con los pequeños fragmentos que pueda arrancar al mordisquearlo.
– Nunca ponga el chupete al niño sujeto con una cuerda o collar del cuello por el riesgo de asfixia.

¿Cuándo es el momento ideal para retirar el chupete?

La edad ideal para retirar el chupete es hacia los 3-4 años. Previamente habrá que ir acostumbrando al niño a usar el chupete sólo cuando se vaya a la cama o en situación de mucha tensión emocional. No está claro cuál es la mejor técnica, si la retirada brusca o la paulatina; en cualquier caso sí que será aconsejable que los padres permanezcan más atentos en esos días, para tranquilizar al niño e ir ayudándolo y acompañándolo durante este momento difícil para él.

Trucos para retirar el chupete

1) Sea la interrupción brusca o paulatina, no se debe recurrir a castigos.
2) Puede inventar una historia en la que algún personaje de ficción se lleve el ‘tete’ a cambio de un regalo.
3) A veces, el chupete puede olvidarse en el lugar de vacaciones o perderse en la calle.
4) Cortar la tetina o pincharla para que la sensación de chuparla no sea placentera disuade a muchos pequeños.
5) A los más mayores les puede convencer su pediatra, explicándoles por qué deben dejarlo.
6) La decisión ha de ser firme. Una vez que el niño abandona el chupete se acordará de él y volverá a pedirlo, pero hay que dejar que pase el ‘síndrome de abstinencia’.

Para tener en cuenta: chuparse el dedo conlleva peores consecuencias que con el chupete.
Por mucho que exista la percepción de que chuparse el dedo es un acto natural y, por lo tanto saludable, lo cierto es que los especialistas coinciden en que es bastante más peligroso llevarse el pulgar a la boca.

Por un lado, las tetinas y chupetes son más fácilmente esterilizables que las manos de los niños; en contacto permanente con agentes contaminantes.

Por otro, la superficie de los dedos es más dura que las tetinas convencionales, fabricadas en látex o silicona, lo que eleva el riesgo de lesionarse la mucosa bucal (arañazos, infecciones…) o el propio dedo (callosidades, úlceras, maceración de la piel, heridas locales…).

Además, en lo referente a la dentición, si bien el chupete está asociado, fundamentalmente, al desarrollo de la mordida cruzada posterior; un problema que, en muchas ocasiones puede ser reversible al dejar de usarlo, el hecho de chuparse el dedo acarrea muchos otros problemas en la alineación dental. Aparte de favorecer la mordida abierta, la presión que ejerce el pequeño al succionar el propio dedo, repercute en una elevación excesiva de la bóveda del paladar, al tiempo que se va estrechando paulatinamente la arcada maxilar. Esta deformación, que los especialistas denominan paladar gótico dificulta no sólo las funciones de masticación y deglución de los alimentos, sino que, además, puede repercutir negativamente en el desarrollo del habla y la pronunciación del pequeño.
De hecho, estas alteraciones no revierten espontáneamente y suelen requerir la intervención del odontopediatra más pronto o más tarde.

Por otro lado, los expertos señalan que, al fin y al cabo, este hábito es mucho más difícil de controlar, y erradicar llegado el momento oportuno, que tirar el chupete a la basura.

Fuente: Sociedad Española de Odontopediatría

Compartir.

Dejar una Respuesta